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Aficionado sube al ring de la Arena México y obliga a detener la lucha entre Templario y Bandido

Un aficionado en estado de ebriedad invadió el ring de la Arena México y provocó momentos de tensión durante una lucha estelar, encendiendo la alerta sobre la seguridad en la catedral de la lucha libre.

Aficionado sube al ring de la Arena México y obliga a detener la lucha entre Templario y Bandido

La Arena México, la catedral sagrada de la lucha libre, volvió a ser testigo de un incidente que pone en jaque la seguridad de todos aquellos que la visitan cada domingo: un aficionado extranjero, en evidente estado de ebriedad, burló las barreras, saltó al cuadrilátero y pretendió subirse a la tercera cuerda para lanzarse como si fuera parte de la función estelar entre Templario y El Bandido.

Máscaras Lucha Libre / Hector Vivas

Lo que pudo terminar en tragedia con un cuerpo inexperto cayendo mal, golpeando a un luchador profesional, al réferi o incluso al propio intruso se resolvió gracias a la rápida intervención del propio Bandido, quien dialogó con el sujeto para calmarlo, y al personal de seguridad que lo retiró del entarimado. La lucha libre se detuvo unos minutos, el público contuvo el aliento y, afortunadamente, no hubo lesionados.

La emoción de la lucha libre mexicana es única porque combina espectáculo, riesgo controlado y respeto absoluto por el arte del pancracio. Los luchadores entrenan años para ejecutar maniobras desde la tercera cuerda con precisión milimétrica, sabiendo exactamente cómo caer, cómo proteger su cuerpo y el del rival. Un aficionado, por más euforia o alcohol que lleve en las venas, no tiene esa preparación. Lo que para él parece divertido o “ser parte del show” es, en realidad, un acto de irresponsabilidad que pone en peligro vidas.

Este no es un caso aislado. La creciente afluencia de turismo internacional a la Arena México, algo positivo para la industria, ha traído también comportamientos que desconocen el código implícito del público mexicano: se aplaude, se abuchea, se corea, pero no se invade el ring. La seguridad privada debe reforzarse, sí, pero también urge una campaña clara de concientización para visitantes: la México Catedral no es un parque de diversiones ni un set de filmación abierto. Es un espacio donde profesionales arriesgan su integridad física cada fin de semana.

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